jueves, 22 de enero de 2015

Tenía que salir a la primera, y salió


Reconozco que no soy muy amante de los videojuegos. En mi casa siempre ha habido ordenador y es probable que dentro de mi generación la mayoría de la gente haya experimentado este tipo de entretenimiento mucho más tarde que yo. Mi primer videojuego me lo compraron cuando yo tenía unos ocho años y recuerdo que ya entonces no le encontraba la gracia. No obstante, considero que la industria del videojuego es apasionante y que los profesionales de este sector son auténticos artistas.

Pues bien, con todos estos antecedentes y consideraciones personales, un día me propusieron en la sección acudir a una presentación en Oviedo de la Nintendo 3DS, una pequeña consola en la que los juegos se veían en tres dimensiones sin necesidad de utilizar gafas especiales. La idea era que yo probase el juguete japonés, que recuerdo que no me apasionaba, e hiciera una pieza para la edición digital, otra para la edición impresa y un vídeo. Las dos primeras tareas no me asustaban. No podría enfocar el artículo desde la perspectiva de un experto, pero como profana en la materia también podría resultar interesante. Respecto al vídeo, esperaba que mi compañera Eva Mayordomo grabase unas imágenes de la gente probando la consola, yo hiciese unos opines y luego lo completase con una voz en off. ¡Qué equivocada estaba!

He de decir que las pruebas de la nueva Nintendo, a las que había ido un montón de gente, se realizaban en una especie de pequeña caravana en el centro de Oviedo. Cuando llegamos allí, Eva me dijo que tenía que hacer un presencial y yo, que apenas la conocía entonces, no me atreví a decirle que no. Pero reconozco que me daba un poco de vergüenza. Hacía mucho tiempo que no me ponía delante de una cámara y las pocas veces que lo hice (salvo mis primeras experiencias en la televisión de mi instituto), fueron muy experiencias muy breves. Cualquier profesional de la televisión se reiría de mis temores pero, verme ahí, rodeada de gente y hablando ante la cámara, no me seducía mucho. Así que pensé que tenía que hacerlo rápido y bien para no tener que repetirlo muchas veces. Y así fue. Mi compañera se quedó alucinada cuando solté el párrafo a la primera, con cierta naturalidad (hay que tener en cuenta que no tengo mucha experiencia), y sin titubear. Eso sí, me lo hizo repetir por si las moscas y creo que la segunda vez no quedó nada bien. Fue una experiencia interesante, aunque es verdad que ahora me veo y parece un poco cómico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario